El artículo 172 ter del Código Penal enuncia lo siguiente “será castigado con la pena de prisión de tres meses a dos años o multa de seis a veinticuatro meses el que acose a una persona llevando a cabo de forma insistente y reiterada, y sin estar legítimamente autorizado, alguna de las conductas siguientes y, de este modo, altere gravemente el desarrollo de su vida cotidiana”.

Lo que castiga en este caso el Código es una conducta de hostigamiento, o más conocido hoy en día como stalking. En estas situaciones hay una persona en una posición de vulnerabilidad, cuya esfera cotidiana se ve interferida por los actos de un tercer, cercano a ella. Por lo general, se trata de circunstancias en las cuales ha habido un conflicto en una pareja, en la que, casi siempre, suele ser la mujer quien recibe esa intromisión en su vida.

Este control ha ido aumentando con el tiempo debido al progreso de las nuevas tecnologías, llegando a formarse un fenómeno denominado “cyberstalking”. En el cual, ya no es necesario que el acosador vigile o busque cercanía física de la víctima, sino que se es suficiente con el control virtual o cibercontrol (decidir qué amistades puede tener o no en sus redes, con quién puede hablar, vigilar continuamente qué comentarios hace en las redes y a quién…) o celos y chantajes (“si me quisieras, no necesitarías hablar con ningún chico más“, “has añadido a otro chico ¿de qué le conoces?“).

Pero…¿cuándo empieza a ser delito este tipo de conductas?

Los jueces son conscientes de este delito, de la fuerza que está adquiriendo y de la dificultad de su prueba. Entienden que para que se considere delito la conducta, debe haber una continuidad en el acoso, no bastando episodios intermitentes o muchos en pocos días, sino que debe un comportamiento por parte del acosador con visión de futuro.

Sin embargo, este matiz tampoco deja muy claro los criterios a seguir a la hora de condenar estas conductas. Hay especialistas que creen que empieza a haber signos de continuidad cuando hay, por lo menos 10 intrusiones en la esfera personal de la víctima. Mientras que otros opinan que el número se debe reducir a 6.

Pero el Tribunal Supremo, y a buen criterio, estima que “no es sensato ni pertinente establecer un mínimo número de actos intrusivos como se ensaya en algunas definiciones, ni fijar un mínimo lapso temporal”. Pero sí podemos destacar que el dato de una vocación de cierta perdurabilidad es exigencia del delito descrito en el art. 172 ter CP, pues solo desde ahí se puede dar el salto a esa incidencia en la vida cotidiana.


¿Se encuentra ante esta situación? Nosotros le ayudamos a solucionarla, pídanos cita, ¡la primera es gratuita!

SOLICITE SU CITA

0/5 (0 Reviews)
CategoríaPenal
logo-footer